Skip to main content

Full text of "Aleteos: primeras poesías"

See other formats








.,Dii, ..mi. ^jS) 


* ALSTEOS * 





(A <*) 

:I 5 


Sfe si. 




LETEOS 


LTJULJLX ULOJ UC.JLVT 

STc* ' 

¡f^ 

Pf-O ^ 


<^Vvy 

?J 


f 


Primeras P0Ejsiflj5 


— ICi D E KOI- 


<UilloalC<x <$$>. ^af^ta u 


a<se 



MONTEVI DEO 

TIPOGRAFIA de «la tribuna popular» 
Calle Ciudaoula, ]N ú m , •} 4 
1 Q 9 S 




/Ét Á MIS PADRES 

A vosotros, padres queridos * 
dedica estas primicias de su co- 
razón, vuestra bija 

QTtcitía dCcz.mi'nia. 






Montevideo, 9 Setembre 1896. 
Carissimo e g^ntilissimo avvocato, Angelo Calvi. 

Poich’ Ella lo ha desiderato, ho letto i versi della 
signorina María H. Sabbia y Oribe; non mi faccio 
giudice della forma; sarebbe una impertinenza ; mi 
pare facile, disinvolta ; talora mi fa impresione che 
sia anche soverchiamente scorrevole e che ritornino 
troppo le stesse parole ; ma, nell’insieme si sente l’ins- 
pirazione di un’anima poética, la freschezza giovanile 
di un cuore acceso, e certe squisitezze di sentimento 
che vanno fino alia profonditá; la giovine poetessa si 
rivela specialmente ne 1 versi Pensando en ti , ove la 
passione s’accende di piú, e il sentimento si determina 
e si colora meglio. Con la lima dello studicr e con 
quella piü sottile delFamore mi sembra che la giovine 
poetessa sia destinata'a prendere un posto elegante fra 
le cultrici delle Muse Oriéntale. 

La benedica in mió nome e mi creda etc. 


Angelo De Gubeniatis. 



IO 


MARÍA H. SABRIA Y ORIRE 


Eduardo Acevedo Díaz envía respetuoso saludo á la 
distinguida señorita María H. Sabbia y Oribe, cuyo 
talento admira; ruégale disculpe si, por causa de las 
agitaciones en que vive, ha demorado la devolución de 
su precioso libro de poesías; manifiéstale que en sus 
horas de descanso, ha sido para él un deleite la lectura 
de sus estrofas de inspiración tan noble y tan pura, 
que le han inducido á recordar y á creer posibles 
aquellos perfumes desconocidos al mundo que al mover 
sus seis alas en la región de la aurora, esparcía el ángel 
de Milton ; y la incita á perseverar en su afán adorable 
por el predominio de las cosas del alma, que son siem- 
pre nuevas y hermosas como las pálidas estrellas en las 
noches azules, aún para los espíritus que ya no sueñan 
con un ideal venturoso. 


Montevideo, Diciembre 8 de 1897. 




ALETEOS 


I 


Noviembre 28 de 1897. 
Señorita María H. Sabbia y Oribe. 

Señorita : 

Es para mí placer verdadero manifestaros que me han 
causado profunda admiración vuestras no comunes dotes 4 
de poetisa, dotes que ponen de manifiesto, entre otras 
muchas, las delicadas estrofas de El relicario y las no 
menos delicadas de vuestra Confesión . 

Los defectos que mi tediosa experiencia encuentra en 
vuestro libro, residen más que en la forma en el carác- 
ter, excesivamente familiar, de los asuntos escogidos' 
por vuestra inspiración. 

Dada la manera como escribís; una vez vuestros ojos* 
interiores se bañen en la luz de otras perspectivas, 
vuestra musa, que es hoy una crisálida, se moverá con 
alas de mariposa y de picaflor. 

La poesía es hija del dolor: á vuestra edad el dolor 
se sueña, pero no se siente. Esperad su visita. 

Entonces, dado lo afiligranado de vuestra versifica- 
ción y lo intenso de vuestra sensibilidad poética, es 
seguro que prestarán su sombra á vuestro numen, los 
laureles que bordean la fuente de Helicona. 

Con este motivo, me es grato, señorita, ponerme á 
vuestras órdenes. 




Carlos Roxlo. 




MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


Señorita María H. Sabbia y Oribe. 

Señorita : 

Debo á sus versos una palabra de agradecimiento 
por las buenas impresiones que la sana poesía que los 
inspira ha dejado en mi espíritu. 

En ellos canta usted los afectos íntimos, las emocio- 
nes tranquilas, el hogar, la ilusión, el amor, y estas 
cosas las canta siempre bien un corazón de pocos años. 

Á su edad, el corazón es siempre lira, la palabra 
verso y la vida poema ; no es, pues, extraño que la 
música de sus estrofas familiares tenga inflexiones 
tan simpáticas, y sus primeras flores de poesía per- 
fume tan grato al alma. 

La saluda atentamente S. S. S. 

Arturo Giménez Pastor. 






jai PENSAMIENTO 


úx era niña; entonce el pensamiento 
Vagaba sin cesar por los espacios; 
Entre juegos, estudios y palacios, 

Todo en gran confusión y movimiento. 

Ya en el aire formaba un gran castillo 
Lleno de dulces, pájaros, confites, 

Con muñecas sin par, grandes convites 
Y de rosas sembrado el jardincillo. 

Otras veces pensaba en mis lecciones, 

En estudios, exámenes, comedias : 

Pero jamás pensaba en las tragedias 
Que hay en la vida por dos mil razones. 

Hasta que un libro recibí : ese día 
Tomaron nuevo giro mis ensueños; 
Pensamientos más gratos y halagüeños 
Invadieron mi joven fantasía. 




MARIA II. SABBIA Y ORIBE 


1 4 


Mas era niña, y pronto di al olvido 
Mis bellas ilusiones de un momento ; 

Cual tiernas aves á merced del viento 
¿Iban, tal vez, en busca de otro nido?... 

Pasó algún tiempo: el libro leo de nuevo; 
Despiertan mis dormidas ilusiones, 
Alzándose cual mágicas visiones 
Que, en mi embeleso, penetrar no atrevo. 

Quedé extasiada ante el ardiente ensueño 
Que inmensa dicha vislumbrar me hacía, 
Mas comprendí, muy pronto, que existía 
Felicidad completa sólo en sueño... 

Entonces, delirante, al ser Divino 
Volví mis ojos y, mirando al cielo, 
Interrogué con inefable anhelo : 

“¿Cuál será en este mundo mi destino?” 



ALETEOS 


15 


§©MÍET© 


Á mi querida tía María Oribe de Muñoz. 


^ H^ 'uíkn más que tu merece en esta vida 

La paz que sueña un alma bondadosa? 
¿Quién más que tú, amante y cariñosa, 
Merece en este mundo ser querida? 

Tú, en cuyo corazón el bien anida, 

Tú, dulce, tierna y ejemplar esposa; 

Tú, de alma grande y por demás hermosa 
Que el mal perdona y el agravio olvida. 

Y mientras este valle de amargura 
Atraviesas, heroica hasta el exceso, 

Siempre sonriente estás ¡cuánta dulzura! 

A Dios le pido, cuando por tí rezo, 

Felicidad, amor, dicha, ventura, 

Y á tí... tan sólo que me des un beso. 

Octubre 12 de 1894. 



MARÍA II. SABBIA Y ORIBE 


1 6 


IJLUglOHI 


noche bella y serena! 
Deja que asome la luna, 
Y que riele en la laguna 
Para mitigar mi pena. 


Porque al rielar me parece 
Que, entre los rayos de plata, 
Surge una sombra que, grata, 
Dichas y amores me ofrece. 


¡ Cuán bella ! ¡ cuán refulgente 
Estás, oh luna, esta noche ! 
Hasta la flor en su broche 
Te saluda alegremente. 

Mas no te ocultes... lo pido... 
Que apenas la sombra nace... 

¡ Ah ! su recuerdo aquí yace 
Pues que ocultarte has querido. 


ALETEOS 1 J 


Fue una sombra que nació, 
Una ilusión de mi alma 
Que, con aparente calma, 

Al formarse, se murió ! 




i 8 


MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


MYEMA 


Á mi distinguida amiga 
Elvira de I03 Reyes. 


te vieran los bardos tan hermosa ! 

Al ocultarse el sol en el ocaso, 

Á esa hora tranquila y misteriosa, 

Cruzar entre las flores ; y á tu paso, 

Saludarte con gracia encantadora 
Pajarillos que, llenos de alegría, 

Esperan de tu mano bienhechora 
Recibir la comida cada día; 

Iluminar tu rostro la sonrisa 
Con la dulce expresión de un alma buena : 
Brillar tus ojos, y la fresca brisa 
Animar tus megillas de azucena ; 





ALETEOS 


10 


Ó bien oyeran tu expresivo acento 
Vibrar, tan armonioso cual la lira 
Del dios Apolo, y susurrara el viento 
Todas tus gracias, hechicera Elvira; 

Por mágica visión te tomarían, 

Por reina de un edén desconocido, 

Y, de nuevo en el mundo, elevarían 
De sus arpas, hoy mudas, el sonido. 

¡s<) 




20 


MARÍA II. SABBIA Y ORIBE 


UM ^fJ]EM4D 


en a esta selva encantada, 
Calma mi duda ¡ es atroz ! 
Ven á contarme adorada 
Lo que le pides á Dios...” 

“Pero ¿ por qué tan callada? 

No tendrá fin mi desvelo ! 
Vuelve hacia mí la mirada 
No la dirijas al cielo. 

Así me dijo, anhelante, 

Puestos los ojos en mí, 

Cuando, á su voz suplicante. 
Llena de amor me volví; 

— “Di ¿ qué le pides, querida?” 
Volvió de nuevo á decirme; 

Y contesté conmovida, 

Aunque mi acento era firme : 




ALETEOS 


— “¿No ves que todo es un sueño, 
Que al despertar se concluye? 

Y hasta es inútil mi empeño, 

Dije soñando— pues huye. 

“ Huyen la selva, las flores, 

Y de este cielo la calma, 

Huyen también mis amores 

Y los suspiros del alma...” 

Y mientras esto decía, 

Y todo, todo se fué, 

Yo, despertando, reía... 

\ No preguntéis el por qué ! 




MARIA H. SABHIA Y ORIBE 


? 2 


í ia memoria de Carolina L do Soria 

-f. 

Aió á la tumba! Su postrer aliento 
{ Quisieran retener, hijos queridos 
Que, desolados, tristes, afligidos, 

Dejan volar tras ella el pensamiento. 

¡ No la verán ya más ! Cuando sentada 
Junto á su madre, en el hogar dichoso. 
Rodeada de sus hijos y su esposo 
El alma reflejaba en la mirada; 

Noble expresión, alegre y bondadosa, 

Se notaba en su faz siempre serena ; 
Nunca turbó á su corazón, la pena; 
Veíasela sonreirse cariñosa. 

Pero quiso también la adversa suerte, 
Con sus crueles caprichos y rigores, 
Mostrarle de este mundo los dolores 
Dejando, en el hogar, entrar la muerte. 




ALETEOS 


2^5 


Ésta, con implacable y ruda saña, 

Al penetrar bajo el tranquilo techo, 

— No hay compasión en ese horrible pecho — 
Descargó su fatídica guadaña. 

Y ese golpe fatal hirió al anciano, 

Al que la vida compartió con ella, 

Al que siguió su señalada estrella 
Cuando dichosa le otorgó la mano. 

¡Murióte Cómo pintar el cuadro triste 
De la familia que lo ve alejarse ? 

¿ Esa esposa que siente desgarrarse 
El corazón, cuando de luto viste? 

Infausta condición del ser humano 
Que ha de sufrir desdichas y dolores ; 

Que ha de encontrar abrojos entre flores 
Desde niño hasta viejo. ¡ Horrible arcano ! 

No resistió este golpe, Carolina, 

Que llegó ó lo profundo de su alma, 

Y, una noche apacible, toda calma, 

Siguió á su esposo á la mansión divina ! 


Noviembre 2 de 1894. 




MARÍA II. SABRIA Y ORIBE 


B]5 Eli DE J. H- 


de la noche su enlutado velo ; 
el trovador de las espesas frondas, 
Al entonar su canto, 

Parece que suspira . . 

Pasa un instante; abandonando el nido 
Hacia una rama vuela, 

Tal vez en el jardín te ha sorprendido.. 

Ya no parece que suspira el ave 
Al entonar su canto. 

En su trino suave 
Se adivina un elogio 
Á la belleza de tu alma ; encanto 
Que al través de tus ojos se adivina; 

Don sagrado que el cielo te concede, 

Del que es tu alma inagotable mina, 

Cuyo hermoso tesoro 
Aunque quiera esconderlo no lo puede. 




ALETEOS 


El trovador de las espesas frondas 
Calla, porque te alejas ; 

Y, mientras el motivo de sus quejas 
Descubrir quieres con mirar profundo, 
Alza el último trino, cual diciendo : 
¡Sea feliz ese ángel en el mundo! 





26 


MARIA II. SABBIA Y ORIBE 



I 


P ntre un nimbo de luz y de colores 
Desciende hacia el ocaso 
El sol, y, con sus vivos resplandores, 
Parece desafiar la triste noche 

Que avanza á lento paso. 

¡ Oh, qué cuadro sublime ! ¡ qué armonía 
En cuanto me rodea ! 

¡Qué encanto misterioso, qué poesía!... 
Absorta y admirada lo contemplo 
Sentada en la azotea. 

Contemplo el mar soberbio é imponente 
En su inmensidad, 

Y así, arrobada por el tibio ambiente, 
Dejo vagar mi espíritu extasiado 
De tanta majestad. 




ALETEOS 


2 7 


Vaga... é inquieto el pensamiento mío, 
En alas de su afán, 

Quisiera penetrar hasta el vacío, 
Conocer las regiones ignoradas 
Donde las almas van ; 

Poder gozar mi alma, entre las buenas, 
De paz y de ventura; 

Del hombre aminorar dolos y penas 
Haciendo, con plegarias, llevadero 
Su cáliz de amargura; 

Poder bajar, cual hálito de vida, 

Hacia el mundano suelo, 
Mientras naturaleza esté dormida, 

Y velen solamente las estrellas 

Con su constante celo ; 

Y llegar hasta el ser que mas adoro, 

Cuando soñando esté, 
Murmurando á su oído: — “Ya no lloro 
Porque puedo adorarte en mi delirio ; 
Ya la dicha encontré. 


“Eres el alma grande que soñara; 

Ven, escucha mi voz 

Si alguien, aquí en la tierra, asi te amara 
Quédate, sé feliz... Mas no es posible, 
Ven de mi amor en pos.” 




28 


MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


II 


Pero, detén el vuelo 

Que raudo ibas tomando ; 

Detente, pensamiento 

No sigas más allá; 

Me apartas de este suelo, 

Me haces vivir soñando, 

j Oh, ciego desvarío ! . . 

¡ Si fuera realidad ! . . . 

Amor, paz y ventura, 

j Ah, loca fantasía ! 

¿Muy lejos de este mundo 

Me dices que estarán ? 

¿Por qué? Si hay amargura 

También habrá alegría; 

¿No luce hermoso cielo 

Tras fuerte tempestad? 

Quiero olvidar que hay llantos, 
Suspiros y tristezas : 

Quiero olvidar que hay hombres 
Que mendigando van ; 

Y sólo alegres cantos, 

Sonrisas y bellezas 

Inunden mi horizonte 

De suave claridad. 




ALETEOS 


2 9 


Dejadlo, que se eleve 

De nuevo el pensamiento ; 
No me turbéis, dejadme 

Gozar un poco más. . . 
Pero £ sentís ? cuán leve, 

De lejos, trae el viento 
Tañidos de campana 

Diciéndonos : ¡ Orad ! 


III 


Orad. . . cuantos seres, quizá, en este instante, 
Se inclinan, devotos, de Cristo á los piés ; 
Detrás de esos muros — que tengo delante — 
Las almas se elevan rogando, tal vez. 

¡ Cuán triste parece por fuera el convento ! 
^Desdichas tan sólo se encierran allí ? 

¿ Será una alabanza ó mudo lamento 
El blando murmullo que sube de ahí? 

Y, como queriendo cambiar mis ideas, 

El sol al convento sus rayos envió ; 

Decir parecía: — ¡Bendita tú seas 
Mansión de retiro! —y luego se hundió. 




3o 


MARÍA II. S ADDIA Y ORIBE 


Se hundió tras el cerro que, envuelto en la bruma, 
Cual negro fantasma surgiendo del mar, 

Se ve acariciado por ondas de espuma, 

Y el faro, en la cima, cual astro brillar. 


IV 


Todo es silencio ya; la noche avanza, 

Tan lóbrega y sombría 
Como el postrer adiós de una esperanza 
Muerta, en un alma que de amor vivía. 

Todo es silencio, calma y, á medida 
Que la quietud aumenta, 

Una fuerza, á mi ser desconocida, 

Algo impalpable y vago me presenta; 

<: Es la bella visión de un imposible, 

Es doliente suspiro 

De un amor, por lo grande, incomprensible, 
Ó es la sombra de un sueño en que deliro ?... 

Sombra ó visión que en las tinieblas crece, 

Y muere en el olvido 
Porque es falsa ilusión, que no merece 
Ni el humilde recuerdo de un latido. 




ALETEOS 


3 1 


La luna, en tanto, asoma entre las nubes ; 

Cual diosa rutilante 
Parece que, rodeada de querubes, 
Melancólica y grave se adelante ; 

A su blanco fulgor la noche avanza, 

Y ya menos sombría, 

Es, como el despertar de una esperanza 
En el fondo de un alma que sufría. 




MARÍA H. SABRIA Y ORIBE 


? 2 




Á Jacinta Yictorica. 


|§§¿ra celeste el traje que llevabas 

Como la hermosa bóveda del cielo, 

Y tan negros tus ojos, como el velo 

De la noche .. ¿Mas, dime, en qué pensabas ? . . 

¿Por qué así distraída te quedabas? 

Parecía tomar, de pronto, el vuelo 
El pensamiento tuyo hacia otro suelo. 

¿Por qué la soledad siempre buscabas? 

¡Oh, Jacinta! deseo que el destino 
Te ilumine con suaves resplandores 
Mostrándote la dicha en tu camino; 

Por do quiera que pases, halles flores 
Y hasta alegres las aves, con su trino, 

Pidan á Dios bendiga tus amores. 


Marzo de 1895. 




ALETEOS 


3 ? 


1EK AILIBUM 


t E pedido á mi lira, pero en vano, 

Un acento inmortal, grande y sublime 
Para cantar al arte que, en el piano, 

Á tu antojo ó á impulso de tu mano, 

Kie, canta, suspira, llora ó gime. 

¡ Cómo conmueve el alma un dulce acento 
Y llega al corazón una armonía ! 

No se pierden sus ecos en el viento 
Porque impregnados van, de un sentimiento 
Hermano del dolor ó la alegría. 

Salve ¡oh, música! emblema de la idea; 
Divina inspiración tu eco extremece, 

En torno á tus acordes aletea, 

En tus suaves sonidos se recrea 

Y, al quererte cantar, mi arpa enmudece. 



34 


MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


Á MI MA11E 


f iSTEN hoy cielo y tierra hermosas galas. 

Al desplegar las alas 
Tienden el vuelo, llenas de alegría. 

Las tiernas avecillas, cuyo canto 
Indefinible y santo 
Saluda tu cumpleaños, madre mía. 

¡Oh! todo en torno nuestro, hasta las flores 
De nítidos colores 
Parecen regalarte, en su embeleso, 

Sus más suaves perfumes. ¿No te fijas?... 

¿Qué te darán tus hijas? 

Algo más cariñoso y dulce, ¡un beso! 

Santo y divino beso que, del alma, 

Con inocente calma 
La profunda ternura simboliza. 

Ósculo de pureza, don del cielo 

Que remontando el vuelo 
Si llega al corazón, lo diviniza ! 



ALETEOS 


35 


Hoy tus tres hijas en un sólo beso, 

Sobre tu rostro impreso. 
Confunden sus amante^ corazones. 

¡Oh! madre idolatrada, el triple lazo 
Estrecha en un abrazo. 

¡Dios colme nuestro honrar de bendiciones! 

.Abril 2) de ¡S 95. 




36 


MARIA II. SABBIA Y ORIBE' 


VI8ZÓK 


© h, dorada visión 
Ella es la compañera de los años 
Más rápidos y bellos de la vida; 

¡Ay! la vencen después los desengaños 
Y, herido, el corazón 
Lamenta su partida. 

Recuefdo que la vi por vez primera, 
Cual sombra lisongera, 

Cruzar ante mi mente soñadora ; 

Surgía la visión, allá en el cielo, 
Envuelta en tenue velo 
Irradiando reflejos de la aurora. 

Era un rayo de luz de la alborada 
Su límpida mirada ; 

Extendía la mano; sonriente 
Señalaba un vergel donde crecían 
Sin espinas las rosas, v venían 
Leves, sus besos, á rozar mi frente. 



ALETEOS 


37 


Contemplaba yo extática y suspensa 
La mística hermosura : 

Da pronto niebla densa 
Oscureció su frente casta y pura. 

Parecía tan mustia y abatida 

Que, al punto, sorprendida 
Y cual si la visión pudiera oirme, 

Con indecible afán, grité : —¿Quién eres? 

¡Habla! ¿podrás decirme 
Qué buscas, qué pretendes ó qué quieres? — 

La vi entonces cruzar por el espacio; 

En su flotante veste 
Los pálidos reflejos de topacio 
Se mezclaban al rosa y al celeste; 

Y, avanzando hasta donde me encontraba, 

— ¿Quieres saber quien soy? —me preguntaba 
Con voz de una cadencia misteriosa; 

— Escucha y lo sabrás: De la belleza > 

Ni del amor ardiente soy la diosa; 

No llevo en mi cabeza 

Los laureles del genio ¡no soy Gloria! * 
No soy Arte, ni Fama: la Victoria 
No me cedió sus palmas; 

Pero tengo de flores mi diadema 
Y soy, para las almas 
Que se forjan al verme su poema, 

Amiga fiel, hermana cariñosa, 

Mostrándoles la Vida 
De flores sin espinas guarnecida, 




3 » 


MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


Destacándose en fondo color rosa. 

Mas ¡ay! pasan los años 
Arrastrando tras ellos desengaños; 

Á su paso la huella van dejando 
Señalada con hielo, 

Y yo, al tomar el vuelo, 

La calor de otras almas voy buscando... 

— Pero ¿quién eres? di ¿por qué dominas 

Mi joven corazón? 

— Porque — dijo gozosa — tú caminas 
De mis huellas en pos... 


¡ Soy la ilusión ! 



ALETEOS 


39 



Irradia el sol, 

Se viste la pradera 
De luces y colores ; 

Cantan las aves 
Saltando entre las flores : 
Nace la primavera. 

Brilla una chispa 
De intenso resplandor ; 
Una ambición secreta 
Brota en el alma 
Apasionada, inquieta: 

Nace el primer amor. 

Viva ilusión 

Que el corazón no alcanza 
Nos muestra su embeleso ; 

Comienza un sueño ; 
Murmura el labio un rezo, 
Y nace la esperanza. 



4 o 


MARÍA H. SADDIA Y 0R1DE 


La primavera 
Muere al caer las flores; 
Eleva una alabanza 
El pecho yerto, 

No muere la esperanza... 
¡ Y mueren los amores ! 



ALETEOS 


A i 




y. hebras de plata! si sois cual la nieve 
¿ Qué extraño es que eleve, con trémulo anhelo, 
Mis gritos al cielo? ■-por qué tan tempranas 
Venís ? j oh, ya canas ! 

Si sois del invierno ¿por qué en mi cabeza. 

Tan joven, empieza la escarcha? Aun impera 
En mí, Primavera ¡y anunciáis el frío? 

¡Dejadme!... ¡ Dios mío ! 

Yo siento alegría, quietud en el alma; 

Yo busco la calma, soñada ventura, 

Amor y ternura; caricias yo quiero; 

Todo esto lo espero ! 

Ya veis que conmigo no halláis el sosiego; 

Dejadme, os entrego ya sueltas al viento. 

Refugio, al momento, que os den viejas musas, 

Aquí ¡ sois intrusas ! 





MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


¿QUÉ ES OLVIDO? 


A Panchita y Matilde 
Piedrabuena. 



ué es olvido? ¿Es un remedio 
Qué dolor y penas cura? 


<¿ Es etérea sepultura 


Que del tiempo se formó? 


¿ Ó es un manto muy espeso 


Escondiendo lentamente 


El pesar que el alma siente, 
Ó la dicha que pasó? 


No : el olvido es sólo engaño, 
Es un sueño y es mentira ; 
Detrás suyo nada espira, 

Nada ha muerto, nada huyó. 
Cuando el pecho, ya confiado, 
Cree perdidos sus desvelos 
Le demuestran sus anhelos 
Que el olvido no existió. 




ALETEOS 


43 


Si una angustia, una tristeza, 
Duerme oculta en nuestro seno, 
¿Una gota de veneno 
No la vuelve a despertar? 

Si un placer, un goce interno 
Yace, ha tiempo, en el olvido, 
¿Una lágrima, un latido 
No lo vuelve á recordar? 


Sí : el olvido es sólo engaño, 
Es un sueño y es mentira; 
Detrás suyo nada espira, 

Nada ha muerto, nada huyó. 






44 


MARÍA H. SABRIA Y ORIBE 


JLA YIBA 




|ielo y mar ¡ay! la vista nada alcanza 
Á ver; sólo una línea, el horizonte; 

Y las nubes, allí, formando un monte 
Que, lento y magestuoso, siempre avanza. 


Cielo y mar es la vida ; nadie alcanza 
Á ver lo porvenir, y también ella 
Tiene horizonte, nubes y una estrella 
Que luce y nos anima : ¡ la esperanza ! 




ALETEOS 


•I 5 


ÍSÉ DICHOSA! 


Á C. D. en el día de su enlace. 


legaste al fin de la primer jornada, 
Del camino difícil de la vida, 

Por el cielo y tus padres bendecida; 

De azahares la frente coronada. 

La dicha, que soñó tal vez un día 
Tu joven corazón, ahora te espera; 
Ilusión, nada mas, entonces era. 

Hoy es ya realidad, es alegría. 

Hoy, que te brinda Amor con la dulzura 
De su cáliz de almíbar rebosante ; 

Hoy, que un esposo apasionado, amante, 
Te muestra un horizonte de ventura. 

¡Ah! si pudiera, con la pura esencia 
Que forma la amistad que te profeso, 
Trasladarme a tu lado y darte un beso, 
Me hallarías ahora en tu presencia. 



MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


Mas, como no me es dado ver la esposa. 

Ni en su traje prender, de azahar, un broche, 
Cuando suenen las ocho de la noche 
Diré, cual si me oyeras: ¡Sé dichosa! 

Goza feliz de la serena calma 

Que al santo hogar el cielo le depara. 

¡ Oh, Carmen ! pues que el Plata nos separa 
Quiero darte un abrazo con el alma. 







ALETEOS 


d 7 


Eli 


Á María Lía Albarracin. 

aya el alba; ya obreros, labradores 
Y mil trabajadores 
Emprenden sus tareas con afán, 

Teniendo en la memoria, siempre fijos, 

Los rostros de sus hijos 
Que reciben sonriendo el negro pan. 

Poco á poco, entre alegre movimiento 
De paz y de contento, 

Despierta la ciudad á un nuevo día; 

Bajo cielo tan bello y transparente 
¡ Av ! ninguno presiente 
Que pronto acabará tanta alegría. 

Esa tierra, para ellos tan querida, 

Como una fiera herida, 

Se volverá contra sus hijos mismos; 

En la ira feroz del elemento, 

Con formidable aliento, 

Les abrirá aquel seno sus abismos. 




4 « 


MARIA H. SABBIA Y ORIBE 


Y no se hizo esperar la fatal hora; 

Rugió amenazadora 

La voz del caos, cual si un titán ignoto 
Entrara en sus entrañas de repente 
Y, con brazo potente, 

Las capas de la tierra hubiese roto. 

La obra del hombre, efímera, insegura 
Tembló ante la natura 
Cuya grandiosa magestad impera ; 

Bajó su frente la altivez humana 
Ante la fuerza arcana, 

Y quedó en ruinas la ciudad entera... 

Cual asombrada de su propia obra, 

La ondulación, recobra 
Todo el vigor que abandonó un momento; 
Hace de nuevo extremecer la tierra 
Con ímpetu que aterra, 

Y huye después tan rauda como el viento. 


Mientras el sol, ya en el zenit, domina 
Aquella inmensa ruina, 

El polvo rinde el último tributo 
Formando espeso velo funerario, 
Nebuloso sudario 

Allí extendido en símbolo de luto. 




ALETEOS 


49 


2SPÍ ]EI» I©N1© 


f pE deslizan las olas una á una 
En el grandioso mar, 

Cual las aguas de plácida laguna, 
Tranquilas, sin bramar. 

Pero si, allá, en su seno penetramos 
Buscando la quietud, 

Sombrío y turbulento sólo hallamos 
Un inmenso ataúd. 

También mi corazón late sereno; 

No deja sospechar 

Que algo acerbo y tenaz de que está lleno 
Lo agita sin cesar. 

<» 

Pero si, allá, en el fondo penetraran 
Donde vive el amor, 

Implacable y latente en él hallaran 
La urna de un dolor. 





5o 


MARIA H. SABRIA Y ORIBE 


FRATERNIDAD 


(Poesía de A.da Negri — traducción ). 


oroiosero que vas bajo la lluvia 
Y, la mano extendiendo, 

Con intensa mirada y suplicante 

Un cobre y pan pidiendo ; 


Injusta al par de la miseria tuya 
Es la miseria mía, 

Me arrastra, como á tí, al Inevitable 
A una misma agonía; 


Sólo tú, á quien el hambre desespera, 
Lo gritas, tu dolor ; 

Yo, llanto y fiebre sofocando, muero ' 
Por nostalgia de amor ! . . . 




C/Zo_ 



ALETEOS 


51 


IBES© MUUM'f© 


(Ada Negri — traducción). 

jljl^NTRE la hierba, en triste primavera, 

<¥ ^ Una precoz violeta floreció. 

Frío fué el aire. — Aún antes de vivir 
La débil flor murió. 

Sobre mi boca, en una triste noche, 

Un beso apasionado floreció. — 

Tú lo esquivaste... — aún antes de vivir 
El beso mío murió* 





52 


MARIA H. SABRIA Y ORIBE 


EhQVt TEjaPR^NTí 


M ac ,6 para gozar. Roto el capullo 
Que aprisionó su gracia prematura. 

Se irguió altiva una flor sobre la rama, 

Y admiró con ternura 
Al mundo, envuelto en la rosada llama 
De la aurora naciente 
Que asomaba triunfante por Oriente. 

Era el color de la ilusión ; venia 
Á colorear sus pétalos de nieve 
Y, en los rayos purísimos, traía 
Sueños de gloria y de pasión. 

Soñó. . . 

Soñó la flor con besos y aleteos 
Y, agitada por locos devaneos, 

La savia enardecida circuló. 

El sol, en medio ya de su carrera, 
Formó dorada aureola 
En torno de la pálida corola ; 



ALETEOS 


53 


Lució la primavera 
Sus deslumbrantes galas ; 
Pintada mariposa 
Batió sus leves alas, 

Y fué á besar la flor tierna y hermosa. 

Pero llega la noche ; helado cierzo 
Mueve la débil rama ; 

Huye la mariposa que, á lo lejos, 

Se borra, como un resto de oriflama 
Que ha perdido los últimos reflejos. 


Cuando el alba volvió la flor pendía 
Sin deshojar aún, lívida, yerta... 
Aún el rocío de la mustia noche 
Como supremo llanto la cubría... 

¡ La flor estaba muerta ! 




54 


MARÍA H. SABBIA Y ORIBE 


Á 


mi prima Elvira Bajes Orilla 



ómo, Elvira querida, he de expresarte 
El placer con que, amable y cariñosa, 


Me obligas en tu carta á contestarte? 


Tú, que tienes un alma bondadosa, 

Sabrás como en las brumas de la ausencia 
Brilla siempre una estrella misteriosa; 

Es su luz el recuerdo. La existencia 
Aunque es abrupta senda, tiene flores 
De embriagadora y delicada esencia; 

Y de todas, Elvira, las mejores 
Son aquellas nacidas del cariño 

Y del grato recuerdo, á los fulgores. 

A esas el tierno é inocente niño 
Presta más vida con su puro aliento; 

Esas á mi inexperta lira ciño. 



ALETEOS 


55 


A ellas invoco, aquí, en mi pensamiento, 
Para expresar con férvida energía, 

Al mandarte estos versos, mi contento. 

¿No sabes? en el alma la alegría 
Toma, á veces, inmensas proporciones 
Cuando encuentra, al pasar, la selva fría, 

Bondadosos y amantes corazones. 

¿ Extrañas que esta frase te dirija 
Yo, tan joven y llena de ilusiones? 

Tal vez no lo creerás: mi mente fija 
En risueño horizonte, algunas veces, 
También tiene amarguras que la rija. 

Mas. aunque no he llegado hasta las heces 
Del funesto dolor ¿conozco acaso 
Lo que el destino esconde? — Tú mereces 

Que el porvenir con su gigante paso 
Te encamine á tus plácidos ensueños, 

Y te oculte las sombras del ocaso. 

Tú, al través del encantos y de los sueños 
Quizás miras, cual yo, con embeleso 
Valles amenos, oásis halagüeños ; 

Tú, que no sientes el terrible peso 
De la maldad, y llevas en tus ojos 
Un almo sello de virtud impreso, 



56 


MARÍA H. SARGIA Y ORIBE 


¡Oh, tú no puedes recoger abrojos! 

Tienes padres que enjuguen tu quebranto 
Si te oprimen efímeros enojos, 

Y tal vez á algún ser que te ame, tanto 
Cual lo deseaste en tu ilusión primera, 

Te unas con lazo indisoluble y santo. 

Pues no siempre es la dicha una quimera 
Que se mira tan sólo en lontananza, 

Y más se aleja cuanto mas se espera. 

¡ Oh ! yo tengo la vivida esperanza 
De que el áureo fulgor que nos deslumbra, 
Tarde ó temprano, el corazón alcanza; 

Y, al sacarnos así de la penumbra 
Donde hasta entonce extático ha vivido. 
Hacia el cielo anhelado nos encumbra. 

¿ Quién, sinó aquel por el afán herido, 

No se siente feliz ante esa calma 
Como el ave en presencia de su nido? 

Y tú, Elvira, que guardas en el alma 
Un tesoro de amor y de ternura, 

También un día alcanzarás la palma. 

¿Olvidarás entonces la dulzura 
De este afecto gentil que nos enlaza, 

Para sólo pensar en tu ventura? 

¡No olvides, no, á tu prima que te abraza! 



ALETEOS 


57 


MI i 11H0A1I© 


Á Casiana Flores. 

engo una prenda, para mí adorada: 

La llevo sin cesar 

Pendiente de mi cuello ; en la alborada 
Yo la suelo besar. 

Sí ; mis ávidos besos con derroche 
Imprimo en su cristal, 

Mientras huyen las ánsias de la noche 
Como sombras del mal. 

Entonces, más tranquila, más serena 
Me siento revivir: 

Parece que dormita cada pena. 

Que el dolor va á morir. 

Pero i acaso es un duelo imaginario 
El que invade mi ser? 

Pregúntalo á mi hermoso relicario 
Si lo quieres saber, 





■>« 


MARIA H. SARRIA Y ORIRE 


Él presencia las íntimas angustias 
Que tiene el corazón, 

Y conoce también las horas mustias 

De amarga agitación. 

Con tinta en ¿1 mi nombre está grabado, 
Y guarda en su interior 
Una frase, que el alma ha descifrado 
Como un cantp de amor. 

Por eso cuando, triste y abatida, 

Me oprime algún afán, 

Busco alivio en mi prenda bendecida, 

En mi buen talismán. 

Y olvido en ese instante que es la pena 

La flor del porvenir ; 

Y entonces, más tranquila, más serena 

Me siento revivir ! 





ALETEOS 


50 


A unos ©jes que engañan 


an azules los ojos, como el cielo ; 
Ardiente en el mirar; 

El cabello muy rubio, cual la espiga 
Cuando empieza á dorar. 

Alta la frente, límpida y serena: 

Al amor y á la fe 
Abierto el corazón, noble y severo ; 

Asi yo te soñé. 

No escuchaba tu voz, y sin embargo 
Te amé y te comprendí; 

¿ Era dicha, era amor ó fue quimera 
Lo que yo presentí? 

Porque, avanzando por la ingrata vida, 
Más tarde te encontré, 

Blondo el cabello, ardiente la mirada, 
Como yo te soñé. 





6o 


MARIA H. SABRIA Y ORIBE 


Pasaste por mi lado, alta la frente, 

Y te fijaste en mí; 

Como en el sueño te creí sincero ; 

¡ Ay ! i por qué te creí ? 

Supe, cuando ya el alma, pobre incauta, 
Estaba por amar, 

Que tus ojos serenos, tan azules, 

Sabían engañar! 




ALETEOS 


6 I 




Á Julia Maines Bondeau. 


'^||||uÉ COLOR Y QUÉ FLOR PREFIERE USTED ? 

*j ^ • 

El color transparente de los cielos 
Cuando tiene reflejos de rubí ; 

Y la flor que retrata mis anhelos 
El gracioso y pequeño myosotis . 

¿QUÉ PERFUME? 

Hallo más de un aroma delicado, 

Pero encuentro más bellos mis delirios 
Cuando aspiro el ambiente embalsamado 
Por el suave perfume de los lirios. 




62 


MANÍA II. SANDIA Y OPINE 


¿QUÉ ANIMAL LE ES Á USTED MÁS SIMPÁTICO? 

Á la cumbre del Gólgota volaron, 

Para aliviar, al Redentor de espinas, 

Las aves que á mi mente cautivaron; 

Mensajeros de amor: ¡las golondrinas! 

¿QUÉ COLOR PREFIERE USTED EN LOS OJOS Y EN 
LOS CABELLOS ? 

Amo unos ojos grandes y serenos, 

De tan claros y vividos destellos 

Que contrasta la luz, de que están llenos, 

Con la sombra que adoro en los cabellos. 


¿ QtlÉ DESTINO ES MÁS DIGNO DE COMPASIÓN ? 

El del pobre y cansado peregrino 
Que, vagando en el mundo, ha de vivir. 
Sin patria, sin familia, sin destino, 
Condenado á la muerte y sin morir. 


¿QUÉ VICIO DETESTA USTED MÁS Y CUÁL ES LA 
VIRTUD QUE MÁS ESTIMA? 

Los vicios en las almas pervertidas 
Me causan indecible repugnancia ; 

Y de tantas virtudes elegidas 

La que estimo yo más es la constancia. 



ALETEOS 


6 ? 


¿CUÁL ES SU OCUPACIÓN FAVORITA? 

Dejar correr la pluma cuando llamo 
Á la tierna y querida inspiración ; 

Y pensar en el ser que tanto amo 
Para dar un alivio al corazón. 


¿CUÁL ES EL DESCANSO QUE PREFIERE ? 

Olvidar que hay pesares en el mundo, 
Que ha nacido el mortal para sufrir, 
Olvidar el afán del moribundo... 

Para tanto olvidar hay que dormir ! 


¿CUÁL ES, SEGÚN USTED, EL IDEAL DE.M^WPHA 
TERRESTRE ? ' “ Á 

Para naivtoda dicha, se resume 
En sembrar muchas flores á mi paso, 

Para hallar el suavísimo perfume 
Cuando baje mi vida hacia el ocaso. 


¿QUÉ EDAD TIENE USTED? 

Tengo la edad de los ensueños de oro; 
Aún murmura la brisa en la pradera 
Diciéndome, al pasar, que es el tesoro 
Más valioso la bella primavera. 




6 4 


MARÍA H. SADBIA Y ORIBE 


¿QUÉ NOMBRE HABRÍA ELEGIDO USTED? 

Que yo elija otro nombre no lo esperes; 

Peza dijo, aunque á muchas les dé celos : 

“ No hay nombre más hermoso en las mujeres 
Que el nombre de la Reina de los Cielos.” 

¿CU^L HA SIDO EL MOMENTO MÁS BELLO DE SU 
VIDA? 

En el corto trayecto recorrido 

Aún no ha hallado, mi amor, la ansiada palma; 

Momentos muy felices no he tenido, 

Pero encuentro momentos de gran calma. 

¿ CUÁL HA SIDO EL MÁS TRISTE ? 

Nunca deben extraños indiscretos 
Los pesares y llantos indagar, 

Pues, á veces, son lóbregos secretos 
Que no quiere la mente recordar. 


¿CUÁL ES SU PRINCIPAL ESPERANZA? 

Que comprenda mi amor: el alma mía 
Cifra en él su consuelo y su ventura; 

Que no olvide mi amor : triste y sombría 
No me deje sumida en la amargura. 




ALETEOS 


6s 


¿QUÉ PERSONAJE HISTÓRICO LE ES Á USTED MÁS 
SIMPÁTICO ? 

La Madre de Jesús; yo la ithagino 
Toda amor, toda fe, toda humildad, 

Diciendo á San Gabriel, ángel divino : 

44 Hágase en mí según tu voluntad.” 

¿ QUÉ PEIlSO^íAJE DE NOVELA Ó TEATRO? 

La romántica, dulce y triste Ofelia 
Que nos hace llorar con el poeta, 

Flor sin aroma, lánguida camelia; 

Y la infeliz y pálida Julieta. 


¿ QUÉ PAÍS PREFERIRÍA USTED HABITAR? 

El país donde el cielo es más azul, 

Allí donde la rosa más perfuma, 

Y donde el mar cual encrespado tul 
Acaricia la playa con su espuma. 

¿QUÉ ESCRITOR Y QUÉ POETA PREFIERE USTED? 

Dickens, que en sus batallas de la vida 
La humanidad refleja en su dolor: 

Y halla en mi corazón dulce acogida 
Víctor Hugo, el sublime soñador. 




66 


MARIA II. SABRIA Y ORIBE 


¿QUÉ PINTOR Y QUÉ MÚSICO? 

El pintor que se inspire en la natura 
Con más noble y profunda precisión ; 

Y en la música busco la dulzura 
Que conmueve y agita el corazón. 

¿QUÉ DIVISA ELIGIRÍA USTED SI DEBIERA USAR 
UNA? ;X • 

Aunque suele vencerme la pereza 
He elegido (tal vez te cause risa), 

Una insignia que ostento con firmeza... 

Es “Labor omnia vinca” mi divisa. 

¿ CUÁL ES, SEGÚN USTED, LA OBRA MAESTRA DE LA 
NATURALEZA ? 

¡ Oh, la luz! ¿quién sino á la flor colora, 

Y da brillo al cristal de la laguna, 

Pone tintes rosados en la aurora. 

Arco en la nube y rayos en la luna? 

¿ DE QUÉ PARAJE CONSERVA USTED MÁS AGRADABLES 
RECUERDOS ? 

Recuerdo que en la playa cierto día, 

Cuando el sol rutilante se ocultaba 
Huyendo de la noche oscura y fría, 

Creí escuchar una voz... pero soñaba! 



AL ETE09 


67 


¿QUÉ PUEBLO EXTRANJERO LE ES Á USTED MÁS 
SIMPÁTICO? 

Buenos Aires: allí pasé la infancia; 

Allí anhelo volver alguna ve 7, 

Pues me trae su recuerdo la fragancia 
De mis plácidos años de niñez. 

¿ PREFIERE USTED LA CAMA DURA Ó BLANDA? 

Es la más preferible de las camas, 

En un día de sol abrasador, 

Una hamaca colgada entre las ramas 
De una magnolia ó de una acacia en flor. 

¿ CUÁL ES PARA USTED EL SER MÁS QUERIDO ? 

Amo á mis padres con delirio ciego, 

Con todo el corazón á mis hermanas ; 

Aún me queda otro amor. . . pero les ruego 
No me atormenten con preguntas vanas. 


S\Vc> 




68 


MARIA H. SABRIA Y ORIBE 




i 


scucha mis versos : 

Son flores de un sueño, 
De un sueño que sólo 

Mi mente evocó ; 

Tal vez algún día, 

Con trémulo empeño, 

Te cuente las dichas 

Que el alma soñó. 

Escucha: no busques, 

En ellos, las notas 
Que inspiran al genio 

La eterna canción ; 

Y en frases grandiosas, 

Sublimes, ignotas, 

No pienses que cante 

Mi ardiente pasión. 




ALETEOS 


6f) 


En cambio sus tiernas 

E ingénuas palabras, 
Sin altos conceptos 

Sin vano explendor, 
Te dicen la huella 

Profunda que labras, 
Aquí, donde siento 

Vivir el amor. 

Asi cada estrofa 

Contiene un gemido, 
Un ansia, un recuerdo, 

Un goce, un temor, 
Un ruego, una queja, 

Un sueño escondido 
Que agita mi pecho 

Con vago clamor. 

¡Qué importad algún día 

Tal vez, á tu lado, 
Olvide que el llanto 

Mis ojos bañó ; 

Y entonces, en aras 

Del fuego sagrado, 

Te cuente las dichas 

Que el alma soñó, 




MARÍA H. SABBIA Y ORIBE 


70 


II 


Pensando en tí, cuando despierta el día, 

Y está la aurora en todo su explendor, 
Creo hallar en sus rayos alegría, 

Y un dulcísimo beso en cada flor. 

Pensando en tí, cuando ya el sol declina, 
Envolviendo la tierra en su fulgor, 

Creo hallar en la bella golondrina 
Una fiel mensajera de mi amor. 

Pensando en tí al extender su manto 
La triste noche, entonces ¡ ay ! deliro, 
Hallo en su oscuridad todo el encanto 
De tus ojos severos y... suspiro! 


III 


Llevada, por la hermosa primavera, 
En alas de los sueños, 
Vuela mi mente, y cruza placentera 
Los ámbitos ideales y risueños; 




ALETEOS 


Se forja, entusiasmada, una ilusión 
Que realidad la creo. 
Siento latir con fuerza el corazón, 
Cierro entonces los ojos y., te veo! 


IV 


Hay algo que en el alma sólo anida, 

Algo que es alegría, fe, ilusión ; 

Es su nombre palabra bendecida 
Vive en el corazón. 

Mas ]ay! si tanto halaga su dulzura. 

Si tan bello es gozar de su invasión, 
También esconde, á veces, amargura, 
Dolor, agitación. 

Cuál es, sabes decirme, esa palabra 
Que así expresa, á la vez, dicha y dolor } 
Lo que afán y ventura á un tiempo labra 
¿ Sabes tú qué es ? 

— ¡ Amor ! 

Hay algo que tan sólo puede el alma 
Para sus áureos sueños anhelar; 

Algo que busca la apacible calma 
Para poder gozar. 




MARIA II. SARRIA Y ORIRE 


Voz de pasión ; secreto, íntimo encanto 
Que murmura un acento celestial, 

Mas j ay ! que, á veces, se convierte en llanto, 
En un grito infernal. 

¿Sabes cuál es del alma el tierno anhelo? 
¿Lo que busca en su ardiente delirar? 

Ese grito del caos ó del cielo, 

¿ Sabes qué dice ? 

— ¡ Amar ! 


V 


La flor de la ilusión rompió su broche; 
Sus efluvios llegaron hasta mí; 
Embriagada por ellos busqué entonces 
Mi único ideal y... lo hallé en tí. 


VI 


Pongo la mano trémula, un momento, 
Sobre mi corazón, 

Mientras escucho, aquí, en mi pensamiento, 
El eco de tu voz ; 




ALETEOS 


73 


Quiero saber si con placer palpita 
Sintiéndose feliz, 

O si al contrario con afán se agita 
Muriéndose por tí. 


VII 


Si hallara una palabra que pudiera 
Expresarte mi amor, cual yo quisiera ; 

Decirte sola cuanto, 

Cuanto te ama quien por tí suspira; 
Que apasionado el corazón delira; 
Que nadie sino yo te amará tanto, 

Con loco, con ardiente frenesí 
Te la diría á tí, tan sólo á tí. . . 

De nuestro amor sería 
Esa palabra el verdadero emblema, 

Y, formando con ella un gran poema 
Que nadie más que tú conocería, 

Con nosotros ignota moriría. 



74 


MARIA H. SABBI A Y ORIBE 


VIH 


Por tí latió mi corazón de fuego 
Al soplo ardiente del primer amor; 

Por tí brotó cual palpitante ruego 
De mis trémulos labios la oración ; 

Por tí surgió en mi pecho la esperanza 
De inefable ventura, y fue por ti 
Que, mirando esa dicha en lontananza. 
Empecé á comprender lo que es sufrir ! 


IX 


Guardo un recuerdo dentro del alma 
De voz querida que un día escuché; 
Si ahora me roba sosiego y calma 
¿ Qué culpa, cielos, puedo tener? 





ALETEOS 


75 


Como punzante flecha me hostiga; 

La siento, á veces, repercutir 
Cual un arrullo blando que obliga 
Siempre á escucharla con frenesí. 

Quisiera entonces saber amarte 
Como ninguna mujer amó; 

Con mis halagos aprisionarte ; 

Gozar quemando tu corazón ; 

Pasar las horas de mi existencia 
Sin una sombra siempre feliz, 
Mientras vibrara con más vehemencia 
T u voz, muy cerca, cerca de mi. 


X 


Toma esta flor; su cáliz diminuto 
El sueño de mi amor, entero, esconde; 
Es muy pequeña, y sin embargo encierra 
El afán de mi vida en sólo el nombre. 

No la apartes de tí; mírala siempre; 
Cuanto ansio en el mundo, cuanto exige 
Para su dicha el alma delirante 
Su nombre te lo dice: “No me olvides. 



76 


MANIA H. SANDIA Y ORINE 


No me olvides ! jamás, jamás mi orgullo 
Creyó llegar á repetirlo ; en vano 
Ahogar quise mi voz que desde el fondo 
fritaba: — no me olvides, que te amo. 

Y por qué he de callar, tener oculto 
Mi constante delirio, si eres tú 
Quien impera en mis sueños, mis anhelos, 
Quien inflama mi ardiente juventud > 


¿ Por qué callar si ya sólo al decirte, 

Con expontáneo y deleitable ardor, 

Que te quiero, te adoro, te idolatro 
Siento latir de gozo el corazón ? 

Mi joven corazón que tan temprano, 

Del áurea flecha, el golpe recibió; 

Mas ¿qué importa nos hieran las espinas 
Si alcanzamos del árbol una flor? 

¿Qué importa que al amarte también sufra 
Si es ley el sufrimiento en esta vida? 
Quiero, quiero vivir; y bien comprendo 
Que si yo no te amara moriría. 

Pero no creas, no, fuera mi muerte 
La que al sepulcro á descansar conduce, 
Sinó esa cruel y pérfida agonía 
Que mata el alma y de pesar consume. 



ALETEOS 


Soy tan joven aún!... ¡ay! no quisiera 
Proseguir mi camino entre las brumas... 
¡Qué las tiene el amor? — las desafío! — 
Las demás son muy negras, muy oscuras. 

Y, si he nacido para amarte, quiero 
Que llene, esta misión, mi vida entera, 
Mientras pueda un latido destinarte, 
Mientras corra la sangre por mis venas. 

Y, mientras la esperanza me acompañe 
Y mi pasión aliente, será en vano 
Ahogar la voz del corazón que grita : 

No te olvides de mí porque te amo ! 


Guarda la flor; recuerda que su cáliz 
E! sueño de mi amor, entero, esconde ; 

Que es muy pequeña y sin embargo encierra 
El afán de mi vida en sólo el nombre. 


XI 


En las noches tranquilas del estío 
Cuando todo respira paz y amor, 

Si una congoja invade el pecho mío, 
Eres tú quien mitiga mi dolor. 




MARÍA H. SARRIA Y. ORIBE 


78 


En las noches tan pálidas de otoño, 

Cuando un hálito frío llega á herir 
En las plantas el último retoño, 

Siento por tí mis sueños revivir. 

En las noches sombrías del invierno, 
Cuando arredra la torva lobreguez 

Y ruge el viento con clamor de infierno, 
Tengo por tí un instante de embriaguez. 

En las noches de leda primavera, 

Cuando el ave su nido va á estrenar, 

En mis labios un beso reverbera 

Y siente el corazón ánsias de amar. 


XII 


¡Oh, mi dulce Romeo! 

Deja que hable sin cesar de tí ; 

¿ Por qué robarle al corazón su dicha 
Su hermoso frenesí ? 

<¡No sabes que aún dormida 
Viene tu amor mis sueños á halagar? 

^ Qué me siento feliz cuando pronuncio 
Tu nombre al despertar? 




ALETEOS 


70 


¿No sabes que la llama 
Que da vida á mi amor inextinguible 
No quema á la esperanza, flor del alma 
La única inmarcesible? 

¡ Oh, deja que mi vida 
Consagre á la pasión que me inspiraste ! 

Has de escuchar la voz de mis insomnios... 
¿ Por qué me desvelaste ? 

Mas, tal vez ni me oyes ; 

¡Ah, el ingrato!... — lo eres, bien lo veo, 

Y exclamo, sin embargo, delirando .* 

¡Oh, mi dulce Romeo! 


XIII 


Soñé una noche que era mentira 
Todo el encanto de mi pasión, 

Y aún al pensarlo triste suspira 

Mi corazón. 

Soñé más tarde que tú á mi lira 
Dabas raudales de inspiración, 

Y al recordarlo de amor delira 

Mi corazón. 




Ko MARÍA II. SABRIA Y ORIBE 


¿Y tú no sueñas? Si en tí ha vivido 
El fuego fatuo de la ilusión, 

Di ¿su recuerdo no ha extremecido 
Tu corazón? 


XIV 


Todo calla; la lóbrega noche 
Todo aduerme con lánguida voz; 

Voz más flébil aún que un suspiro, 
Aún más triste que el ultimo adiós; 

Ya no canta el zorzal en la rama; 

Ya no zumba el insecto veloz; 

Todo calla, está quieto, reposa, 

Y aún yo velo pensando en tu amor. 

Sí, yo velo y tu amor me acompaña, 
Llega, en sueños volando, hasta mí 
Como un eco de arrullo lejano. 

Como suaves efluvios de Abril. 

¡ Oh ! cuán bella es la hora discreta 
En que nada interrumpe el placer 
De pensar en el ser que se ama, 

En su amor, en su dicha, en su fe ! 



XV 


Á cada estrella que, tremulando. 
Cambia de brillo, de intensidad, 

Yo la imagino febril mirada, 

Ignota llama del “más allá.” 

A cada ola, cuya armonía 
Contra una roca llega á morir, 

Yo la imagino misero llanto, 

Eco doliente de amor sin fin. 

Busco en la brisa vago suspiro; 

Entre las sombras la exhalación; 

Entre las ramas sorprendo arrullos, 
Sorprendo besos en cada flor. 

<• Cuál fuerza arcana puede, en el alma, 
Dar vida al germen de esta ilusión? 

¿ Será la fuerza de la poesía? 

Ó acaso... i acaso será el amor? 




82 


.M A P 1 A II. SABB1A Y OPIBE 


XVI 


Ven á mi lado ¿es cierto que me amas? 
Ven á decirme con que fe me adoras; 

Con tus palabras tiernas desparramas 
Las dudas de mi espíritu, traidoras. 

j Oh ! ven á disipar en un segundo 
Todas las sombras que mi pecho encierra; 

¡ Oh, dime que tu amor es tan profundo 
Que nadie me amará cual tú en la tierra ! 

Yo te diré como también sé amarte 
Con esa misma fe que en tu alma busco, 
Y que todas las penas al mirarte, 

Con los destellos de mi dicha ofusco. 

Ven; si sufres, si tienes un pesar, 
Hallarás un consuelo en mi ternura; 

El ser que sabe, como yo, adorar 
Sabe ahogar con su amor toda amargura! 

Si acaso vieras tenebrosa sima 
De una duda implacable ante tí abierta, 
Comprenderás como el amor se anima 
A dar vida á una fe que estaba muerta ; 



ALETEOS 


8? 


Y el beso del dolor, áspero y frío. 

Ante el raro poder de ese amuleto. 
Cual se disuelve el hielo en el estío, 
Se irá borrando con tu afán secreto ! 


XVII 


Si has visto alguna vez correr el llanto 
Por el rostro de un ser idolatrado, 

Al recordar sus lágrimas, ¡ oh, piensa 
Que también he llorado ! 

Y piensa que á la tarde, cuando el astro 
Del día se hunde en el inmenso océano. 

Yo que estoy sola desde aquí te mando 

Un beso con la mano. 

Beso que ingrata el aura no te lleva, 

Y se pierde, tal vez, en lontonanza 
Buscando entre las sombras de la ausencia 

La luz de la esperanza. 

Piensa que en noche de inquietud y fiebre, 
Sin dormir, sin soñar, en cruel letargo 
Pasé las mudas horas desechando 

Un pensamiento amargo... 




8 4 


MARIA H. SABRIA Y ORIBE 


Amargo ¡ ay ! como el dolor. La mente 
En ese instante de falaz delirio, 

Creyó ver extinguida la esperanza 
Que endulza mi martirio. 

Piensa que soy una mujer que busca, 
En el fondo de un noble corazón, 

La esencia del amor que tanto adora 
El alma en ilusión. 

Y es ella, es mi ilusión, la que volando 
En las horas de insomnio llega á tí; 

Su caricia es de fuego, si la sientes 
¡Oh, piensa, piensa en mí! 


XVIII 


La última rosa cayó en la pradera, 

El recio aquilón, 

Me dice cuán lejos está Primavera, 

La bella estación. 

¡ Cuán triste, cuán sola, cuán mustia he quedado 
El alma desierta 

No escucha murmullos de amor á su lado; 

La flor está muerta. 




ALETEOS 


85 


La flor que me hablaba de tí cuando inquieta 
La brisa süave, 

Meciendo las ramas, contaba indiscreta 
Las dichas del ave. 

La diáfana gota del fresco rocío 
Tenía su encanto; 

El cáliz contaba que el sol del estío 
Secaba su llanto; 

Y ahora cuán triste, cuán sola he quedado, 

El alma desierta 

No escucha murmullos de amor á su lado; 

La flor está muerta. 

Ha muerto de frío, de pena, de angustia, 

De acerbo dolor; 

Tú nunca me olvides, no dejes que mustia 
Yo muera de amor ! 


XIX 


Daría mi vida por ver en tu frente 
El rayo sublime del genio creador; 
Daría mi calma por oir de tus labios 
La frase inspirada del gran orador. 



86 


MARIA H. SADDIA Y ORIBE 


Mas todo daría: mi vida, mi calma, 

Mis horas alegres, mis años en flor 
Por ver, cada instante que paso á tu lado, 
Brillar en tus ojos la llama de amor! 


XX 


Cuando inspirada vibró mi lira 
Fué, te lo juro, pensando en tí: 

¡Ay! si al pulsarla triste suspira 
Es que pregunto, <• pensará en mí? 

¿ Pensará acaso que hay en la tierra 
Un pensamiento, un corazón, 

Un alma ardiente que sólo encierra 
Para él cariño, vida, pasión? 

<* Pensará acaso que cuando elevo 
Ferviente ruego, con f¿ y ardor, 

Es que en la mente tu imagen llevo 
Como constante prueba de amor? 

Si se extinguiera de ella el sonido, 
Los dulces ecos que le imprimí, 

No pienses nunca que es por olvido: 
La lira mía vibró por ti ! 



ALETEOS 


«7 


MiM€EIDjE§ 


la primera juventud, ajena 
Al duelo que envenena, 

Cuando una voz arrulladora, incierta 
Como un sueño ideal que no se alcanza 
Y vaga en lontananza, 

El alma apenas al amor despierta; 

Cuando á la nueva celestial caricia 
El corazón se inicia 
Creyendo una verdad cada quimera, 

Y al sér querido de virtud reviste, 

Si la ilusión persiste 

Nace profunda la pasión primera! f 

Y, aunque el engaño y el pesar más tarde 
Vayan haciendo alarde 
De pérfida victoria, en vano espere, 

Quien sabe que su amor así ha nacido, 
Alivio en el olvido, 

Que cuando es verdadero nunca muere! 





88 


MARÍA H. SABRIA Y ORIBE 


No muere, es cierto; pero el pecho endeble 
Que guarda la indeleble 
Huella, como reliquia en sacro templo, 

A su pesar, á veces, desfallece, 

Porque el dolor si crece 
Mata. Escuchad y os citaré un ejemplo: 

Al penetrar en la azarosa vía 
La mente todavía 

No concibe el afán que desespera, 

Porque, virgen de ingratos sinsabores, 

No piensa que las flores 
Mueren también en plena primavera. 

Por eso sufre más cuando temprana, 

Como primera cana 
En alma joven cándida y confiada, 

Ve adelantarse la contraria suerte 
Mientras la espera inerte. 

Pues no sabe luchar la infortunada! 

Nacida para amar; toda ternura; 

A la mirada pura 
Desconocidas las dañosas redes 
Que envuelven los incautos corazones, 

Así, toda ilusiones, 

Ardiente, bella y noble era Mercedes. 

Y, así como después de oscura noche 
La flor abre su broche 
A las tibias caricias de la aurora, 



ALETEOS 


89 


Aunque ingenua y sencilla como un niño, 
Un latente cariño 

Llególa á conmover. — Quién la enamora? 

¿ Quién supo despertar grande y sereno, 

En tan plácido seno, 

El más vivo y tenaz de los amores? 

<■ Y quién pudo, al mirarla en las pupilas 
Tan dulces y tranquilas, 

Infundirle el vigor de sus ardores? 

Un joven á la vez grave y sincero 
Cuyo mirar severo 
Para ella tuvo singular encanto; 

Ella, nueva vestal que allí encendía, 

Con amante porfía, 

En aras del amor el fuego santo. 

Desde entonces contentos y felices, 

Sin oscuros matices, 

En inefable paz, dichosa calma, 

Vieron con rapidéz pasar las horas. 

¡ Oh, alegrías traidoras 
Tan fugaces y gratas para el alma! 

Es breve como el sueño la ventura, 

Sólo un instante dura; 

El abrazo sutil con que aprisiona 
Suele cambiarse en vigoroso nudo, 

Aspero, fuerte y rudo, 

Que sujeta, lastima y no perdona. 




9o 


MARÍA H. SABRIA Y ORIBE 


Tal fir^ para Mercedes, hasta el fondo 
Abrumador y hondo, 

El temor que su dicha sofocaba 
Cuando ¡ay! enfermo y con doliente aspecto, 
El dueño de su afecto 
Un viaje hacia otros climas le anunciaba. 

Se mostró, sin embargo, tan serena 
Que su angustiosa pena 
No dejó traslucir, y pudo luego, 

Viendo triste, indeciso y abatido 
Al ser dulce y querido. 

Infundirle valor con blando ruego. 

Pero es difícil contener la angustia 
Cuando en la frente mustia 
Se lee temblando la fatal sentencia; 

Y entre llantos, suspiros y desvelos 
Encomendó á los cielos 
Aquella amada y joven existencia. 

Un año, nada mis, ha transcurrido; 

Un año que en su oído 
Resonó el triste adiós como una queja, 

Hoy su esperanza para siempre ha muerto, 

Y el corazón desierto 
Ningún consuelo, á su infortunio, deja. 

Al pensar en adjuél que ya no existe, 

— ¡Oh, Dios! tú lo quisiste — 
Clama con brusco y pavoroso anhelo; 



ALETEOS 


91 


Y hallándose de pronto más tranquifa 
La húmeda pupila, 

Con fervoroso afán, clava en el cielo. 

Cuando vuelve á bajar la casta frente. 
Hacia el Omnipotente 
Eleva una oración, la desdichacfa, 

Y, con místico ardor de religiosa, 
Promete ser esposa 
Del Redentor, ante la cruz postrada. 

Ni los austeros ritos del convento, 

Ni el hondo sentimiento 
De su madre infeliz que sufre y llora, 
Ni la voz de su padre moribundo, 

De alejarse del mundo 
Mitigan la ansiedad que la devora. 

Poco tiempo después, en la sencilla 
Y modesta capilla 

Del convento, bañada ^n luz divina, 
Entre vagos y ténues resplandores 

Duerme en lecho de flores, 
Su último sueño sor María Agustina. 





92 


MARIA II. S Alibi A Y OKIbE 


PDE67ÍRI7Í n wnnw 


irgen y Madre dolorosa y pura, 

Hasta tus plantas llego 

Y, en homenaje de filial ternura, 

Dirijo á tí mi ruego. 

Tú, que eres Madre, á quien como hija implora 
Escucha, enternecida; 

Bendice ¡oh, Reina! al corazón que llora, 

Al alma dolorida. 

Baje piadosa hasta mi mustia frente 
Y alumbre mi camino 

Tu luz, que calma mí ansiedad latente 
Con su fulgor divino. 

No dejes que me venzan los aludes 
De pérfida asechanza; 

Infúndeme las místicas virtudes, 

Amor, fé y esperanza; 




ALETEOS 


93 


Permite que en tus brazos me recueste 
Durante mi agonía; 

Y, cuando muera, á la mansión celeste 
Condúceme, María !